LA CRISIS DE 2007

Ahora es muy fácil culpar al anterior gobierno socialista de Zapatero e incluso el previo de Aznar de no haber previsto los efectos de la burbuja inmobiliaria. Pero seguramente estos mismos, los que criticaban, eran quienes se lamentaban también meses antes, por las subidas de tipos de aquella época y, se llevaban las manos a la cabeza ante el riego de dar al traste con la bonanza del crecimiento.
Como decía Gila, “ ….alguien ha matado a alguien..”. ¿ Quien no se lamentó cuando el banco le pedía tantos papeles para decidir sobre su crédito?. ¿ Quién no puso a caer de un burro al director de su banco por no darle más del 80% de lo que se valoraba su casa como crédito para comprarla ?. ¿ Quién no conoce a alguien cercano que además de hipotecar su casa, aprovechó para amueblarla y cambiar de coche ?
Y, en esto, algún mal nacido sacó la aguja y…pincho la burbuja.
¡ Habrá que buscar a algún niño, para echarle la culpa ¡ . Siempre es bueno tener a algún niño – o también nos valdría algún banquero – que nos sirva de chivo expiatorio. Pero en este caso la culpa, más bien parece estar repartida.
La crisis actual es una crisis de deuda. Una enorme crisis por deflación de deuda que se contagió desde USA en 2007 y que recorrió los estados Unidos y luego Europa con la velocidad de un latigazo. El terreno estaba abonado, como veíamos antes, pero el origen surgió en América.
Allí, las hipotecas también se vendían como churros. Pero para redoblar el beneficio, los bancos titulizaban estas hipotecas y las revendían a empresas y fondos de inversión, que canalizaban fondos de grandes inversoras haciendo ver que eran inversiones casi e renta fija, es decir sin riesgo. Pero la avaricia hizo que las hipotecas de riesgo contrastado que se transformaban rápidamente en títulos, – las hipotecas “prime” – abrieran la puerta de otras de escaso valor y alto riesgo – “ hipotecas subprime” -. La rapidez con que los bancos americanos hacían efectivo estos títulos y el rápido margen, provocó bajar el listón de la calidad de las hipotecas. Los mercados financieros empujaban la liquidez a los bancos y estos seguían dándole a la manivela de las hipotecas, y el mercado se inundo de las malditas “hipotecas subprime”.
Estas hipotecas de alto riego se titulizaban de idéntica manera y a semejante velocidad que la “ hipotecas prime “,pasando a engrosar las supuestas inversiones seguras de los grandes fondos y fondos de pensiones de las más importantes entidades mundiales.
En esto, algunas agencias de calificación crediticia americanas, amenazaron con revisar los rating de valoración de alguna de estas entidades inversoras y empezaron a despertarse algunas dudas. En 2008, fue cuando el fondo soberano chino dejó de invertir en los títulos emitidos por las agencias hipotecarias americanas y pasó directamente a invertir en Letras del Tesoro Americano. Esto precipito todos los acontecimientos.
Los mercados financieros ya no eran una fuente automática para obtener liquidez y, ya nadie parecía fiarse de nadie. La duda sobre la solvencia de las entidades corrió como la pólvora y se desataron los problemas. El resto, con ayuda de la enorme velocidad de la información en esta era de internet encendió la mecha.
Sobre 2008, Lehman Brothers entidad muy poco capitalizada y especializada en titulaciones subprime, se vio drásticamente ahogada con el corte de financiación del interbancario americano. Lo mismo ocurrió unos días más tarde al banco Fannie Mae y Freddie Mac. Casi simultáneamente entraron en dificultades otros agentes como eran Merrill Lynch, Citibank, etc.
Bank of America se hizo cargo de Merrill Lynch, atajándose en parte el problema, pero se dejo quebrar a Lehman Brothers . Esta inexplicable decisión fue un error que finalmente desencadenó la caída de todas las piezas de domino.


En Europa el contagio fue extremadamente rápido. Se vieron afectados muchos grandes bancos Ingleses, alemanes, franceses, etc. Ellos habían generado también grandes rentabilidades con negocios similares a los que habían realizado las entidades americanas. Pero las decisiones de respaldar por parte de los gobiernos a estas entidades fue rápida, tanto como el reconocimiento de la existencia de una crisis de grandes proporciones. Se asumió la crisis y se tomaron decisiones rápidamente. Se respaldaron a las entidades financieras – evitando repetir el error cometido en Lehman Brothers – y cada Estado asumió su coste de forma directa.
En España, la ley impedía a los bancos realizar este tipo de negocios dentro de sus balances. Tal vez este hecho hizo creer a muchos políticos que nuestra banca era ajena a esta crisis y que nuestros bancos estaban fuera de este contagio y nuestra economía distante de esta monumental crisis.
Pero la enorme expansión crediticia de los bancos españoles, que concedieron créditos hipotecarios, como el que reparte caramelos, y muy por encima del respaldo en sus depósitos, le hacían muy dependiente también de los mercados intercambancarios a corto. Es decir para poder seguir prestando mucho, el flujo de dinero debía de mantenerse abierto y alegre. Pero este flujo de dinero se había cerrado en USA, y este hecho se contagió también aquí.
Aunque de origen diferente, pero de similar naturaleza, la española es igualmente una crisis de deuda.

En España, los bancos, para financiar su expansión inmobiliaria, habían captado en títulos y cedulas un importe similar a nuestro déficit exterior. Una autentica barbaridad, pero no existía otra forma de encontrar financiación que respaldara el aun floreciente mercado inmobiliario. La dependencia de financiación exterior, fue la grieta por la que España se vio tan afectada por la crisis que se inicio al otro lado del mar. Al no haber financiación, no se podía seguir alimentando el flujo de créditos.
Se pinchó la burbuja inmobiliaria, el motor de la economía se paró, se disparó el paro y definitivamente entramos en esta monumental crisis.
Los bancos redujeron drásticamente sus márgenes – por no poder seguir prestando y fundamentalmente por el brutal incremento de la morosidad crediticia -, se vieron obligados a incrementar los precios de los escasos créditos que concedían, lo que aceleró aun más la asfixia de dinero en circulación.
El desplome de las expectativas de familias y empresas, hicieron reducir la demanda de crédito, y consecuentemente hay una caída de la inversión generalizada. Bajan los salarios, aumenta brutalmente el paro, se reduce drásticamente el consumo.
En gran incremento de la morosidad bancaria y el desencaje de los márgenes bancarios, empujan aun más a compensar la situación recurriendo a más financiación exterior. Un círculo vicioso.
Dicen, con razón, que los economistas solo acertamos a “tiro pasao”. Dicho en términos cinegéticos, es como si después de haber errado el disparo en un lance, quisiéramos dar marcha atrás a la moviola y tener una segunda opción para comentar el lance. La economía de predicción, es más un arte que una ciencia aplicada, y en esto los economistas debemos aceptarlo con toda humildad.

¿ Y cómo salimos de esta ? Estamos en una crisis de deuda. No hay dinero en circulación, no hay consumo, se invierte poco y una de nuestras principales industrias, ha fallecido. Afortunadamente muchas empresas han mirado al exterior, en espera de tiempos mejores, pero muchas lunas han de pasar hasta que las cosas vuelvan a un estado normal.
En cualquier caso, que nadie espero retornar a los momentos de euforia de los primeros años de este milenio.

Alejandro Martin “TioJander”
Economista.
Consultor Financiero.