DIAS DE CORZOS.-

Tormentas y dias de calor. Nada cómodo moverse entre los riscos y los pedregales, y dando saltos de vale en valle.
Cuando das vista a un rascadero de corzo, casi te concentras en seguirle la pista y continuar sus rastros en marcas en los árboles. No puede andar muy lejos. Pero precisamente su cercanía es su ventaja, y estar tan cerca pocas oportunidades te da, al menos con un arco en la mano. La semana anterior pude ver algunos buenos machos e incluso hacerles fotos. Buen presagio.

A media tarde ,desde una atalaya pude ver un corcito con una extraña cojera en una de sus patas traseras. No me pareció detectar errores en la cuerda y el arrastrar de la pata, me hizo creer que el daño podría ser reciente. El corzo cruzaba despacio y arrastrando una de las patas, unos claros para esconderse en un bosquecillo.
Di la vuelta por detrás y cruce parte del vale. Manteniendo la altura decidí esperarle en un alto, y probar suerte. Tras un buen rato cruzando por el pinar, me aposté e intenté detectar al corcete. Al poco rato pude verle y ya teniéndole cerca me percaté de que la pata trasera estaba rota y que no apoyaba el paso. Daba unos pasos y paraba. Y así su avance era lento y me temo que doloroso. Aunque era un corso muy joven, de esos que hay que dejar para otro año, dudando que aguantara tan solo unos dias, pensé en darle caza. Más por agotar su agonía que el pobre trofeo.
Convencido de que en otras circunstancias seguramente no me habría dado opción, la naturaleza me colocó a su paso. Y decidí sin pensarlo apostarme más adelante y aguardar su paso delante de mí, para disparar desde lo alto y a escasos metros. Monte una punta expandible y viendo acercarse al animal, asegure mi posición. Nada más cruzar mi vertical y buscando un tiro más desde detrás que justo en la vertical, apunte bajo y solté la flecha.
El corzo rodo por las piedras y fue a parar a unos brezos, con la polvareda que las semillas dejan en esta época. Cuando baje el animal estaba ya muerto.
Quiero pensar que se despeño o le despeñaron en alguna trifulca de territorio, pero lo cierto es que una de las patas estaba colgadera y llevaba astillada una de las puntas de uno de los cuernos.

¡Que pequeños son los corzos ¡. Tienen una zona de impacto realmente pequeña y, cuando apuntas desde alto todo es aún más pequeño. Hice bien en montar una punta que abría dos pulgadas, mucha zona de corte, y en un animal tan blando es buena elección, incluso – o especialmente – con un longbow.

Alejandro Martín “TioJander”

www.arcodos.com

Economista, Licenciado C.U.N.E.F.

Consultor financiero

facebook.com/tiojander.alejandromartin

Intructor Caza con Arco.

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