Solo se trata de un termo VALIRA .-

Despiertan infinita curiosidad y atracción los comentarios y test de material como arcos, ropa, visores de caza, prismáticos, etc. Pero apenas he visto nada escrito sobre esos sufridos compañeros de mochila, que tan reparador y reconstituyente deleite nos aportan a media jornada de caza. Los termos.
De muchos tamaños claro, pero en mi caso, suelo utilizar un termo pequeño, para un par de cafés. En las frescas mañanas de rececho corcero, un par de sorbos de café te recomponen el alma. Pero allí donde mejor trabajan estos artefactos es en las noches gélidas de aguardo, y mejor si es con un caldito humeante dentro.

No abultan mucho y para las medias jornadas de caza – lo normal en estas nuestras tierras de caza – su peso compensa sobradamente la satisfacción que nos aportan.
Compré hace algunos años un par de estos termos – oferta 2X1 – de la marca VALIRA. Desconozco si esta marca es muy conocida, famosa o no. Pero a mí me da el servicio.
Uno de los termos VALIRA, ha venido sufriendo viajes conmigo en la mochila, cargado de café, té o especialmente caldo. Aguardos, monterías en apostaderos alpinos o recechos de primavera, pero el termo VALIRA….siempre en la mochila.
Hace algunos años, en una de esas monterías en la Sierra de Ayllón, apostado en lo alto de unos riscos, descubrí lo reponedor que es disfrutar de unos sorbos de café caliente, divisando el monte Ocejón. Medio termo da para un buen café y la otra mitad, para cuando la cosa se ponga fea al final de la jornada.
Tal cual disfruté el café. Procedí a cerrarlo rápido para mantener el calor y lo acurruqué a la mochila volviendo mi atención al curso de la montería, con esa impresionante vista desde lo alto del risco. Algún perro adelantado o algun pájaro, me hizo girar la cabeza estando sentado sobre las piedras. La desgracia hizo que apenas un roce de mi rodilla en la mochila, desencadenara un mínimo desequilibrio del termo VALIRA, que inició su descalabro piedras abajo, ante mi asombro.
Avanzaba rodando con su trémula redondez sobre la pared inclinada del risco. Caía al vacío tres o cuatro metros e impactaba de nuevo en otra plancha de piedra, sobre la que volvía a esquiar rodando un montón de metros más hasta volver a blincar en el vacío para estamparse finalmente contra otra zona de piedras donde me pareció dio fin al viaje. Miré a ambos lados y, afortunadamente, nadie presencio tan ridícula escena de mi pobre termo VALIRA.

Me entró la risa, de imaginar los restos de mi café, hechos papilla con los infinitos trocitos de cristal, que ahora estarían calmando su precipitado mareo treinta metros abajo o más. Y yo, sin café.
Casi era la hora de comer, dieron aviso de haber terminado la montería, y esperé a mi compañero Juan que se retiraba del puesto y se me acercaba desde la parte baja del risco. Como no podía ser de otra forma, fué a toparse con mi desgraciado termo VALIRA. Me preguntó si era mío y diciéndole yo que sí, le sugerí lo agarrase con cuidado de no mancharse y también por los cristales rotos. Juan sujeto el termo VALIRA y le destapó y sorprendentemente se atizó el café que aún estaba dentro y calentito.
Este mismo termo VALIRA, siguió prestando servicio civil algunos años más. Durante una visita de caza a mi amigo Florent, cuando ya me retiraba de un largo aguardo en el árbol, atiné mal al colocar el termo VALIRA en la mochila y cuando intentaba cerrarla, el famoso termo VALIRA nuevamente hico parapenting desde el treestand e perpetró un aparatoso impactó contra el suelo. Nuevamente sin daños directos, ni colaterales.
Al menos en otras dos ocasiones, y dada su suave redondez, se escurrió de las manos estando apostado en un árbol e impactó – no precisamente con suavidad – contra el suelo. Algunas veces con y otras sin líquido, sobrevivió a los lances. Llegue a pensar que lo vendían – 2X1 -, precisamente porque no se rompía, y las probabilidades de volver a comprar otro serían históricamente mínimas.
Otra de las utilidades de mi inmortal termo VALIRA, es la de acompañarme en los viajes largos. Le coloco en la guatera de mi puerta en el coche. El Discovery tiene un espacio ancho en el lateral de la puerta y entre los chalecos de seguridad, las llaves, linternas, etc., siempre hay sitio para tener a mano mi reconstituyente termo VALIRA. Hace unos dias viniendo de viaje de caza, aparqué el coche frente a mi casa. Llovía y el camino de tierra encharcado me hizo ir sacando por partes el equipaje. Volví por mi Termo VALIRA, abrí la puerta y se precipito al charquito que había justo debajo, apenas treinta centímetros de la bandeja del coche donde estaba. Y esta vez sí que sonaron cacharritos.
Mi termo VALIRA cae treinta metros al vacío sobre las rocas y no le pasa nada. Cae varias veces desde tres o cuatro metros desde un árbol y no le pasa nada. Cae apenas treinta centímetros a un charco desde el coche y…… se muere.
Sigo teniendo el otro Termo VALIRA, y naturalmente ahora entiendo lo del 2X1.

 

Alejandro Martín “TioJander”

www.arcodos.com

Economista, Licenciado C.U.N.E.F.

Consultor financiero

facebook.com/tiojander.alejandromartin

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