Mesías y diablos, y Umbral.

Por aquello de hablar de lo importante, hablaremos de las magníficas jornadas de caza de estos días de noviembre, en Checa Guadalajara, bajo la tutela de Sierra de la Madera.

Juanjo y Pablo los gerentes de Sierra de la Madera, nos presentaron la finca en esta localidad. A mi modesto entender poblada de ciervos y gamos, por las muestras, y de corzos por los ladridos, tiene una orografía perfecta para un cazador con arco.
Cerca del pueblo, pero suficientemente alejada, la finca, con casa de retiro en el centro, acumula un buen número de puestos de aguardo en forma de torreta, a buena distancia de cebaderos y surtidores de agua. Lo cierto es que es una finca preciosa, trufada de siembras, bosquecillos ligeros y otros más densos, perfectos para adentrarse con sigilo arco en mano.

Aprovechamos las jornadas con algunos recechos y aguardos en las torretas. Celebramos también unos divertidos ratos de caza de codornices, pues contaban con unos buenos perros que nos deleitaron a todos.
Yo no tuve suerte en avistar caza en los puestos, aunque algun zorro entró y varios ciervos cruzaron algo alejados para el arco en mi apostadero. La caza es “asinnnn”.
La finca en su día fue diseñada por algún Mesias, pero por fortuna los amigos Juancho y Pablo acertaron reorganizando distancia en los puestos y como a poco la han hecho relucir. Una preciosidad de finca para el arquero. Como no se les puede “ ajuntar” su destreza en ser o no “vejunos”, me viene a la cabeza que su acierto en reordenar los puestos les llega más por diablos expertos y conocedores. Felicidades a los dos, ¡ me tocara volver, encantado ¡.

Ni que decir tiene que juntaron un grupo variopinto y multicultural: ingleses, holandeses, extremeños, vascos, castellanos, riojanos. Hablamos de todo, incluso de política, a saber esas cosas del ojo diestro dominante o zurdo. Temas muy candentes y polémicos. En resumen, todo perfecto, buena gente, buena conversación.

Pero me viene también a la memoria Umbral con “La Mila” allá por el año 1992: …..” yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Y a eso entre otras cosas, fue a lo que fuimos. No dio lugar a muchas presentaciones, entre postres y copas, y menos con el manejo de la lengua de Shakespeare que un servidor tiene. Entregamos una copia “ del Libro “ y dimos por zanjado este asunto para otra ocasión.

Encantado con este encuentro, encantado con la finca, y muy contento con el trato y servicio técnico de “Sierra de la Madera “. ¿Que si lo recomiendo ?, naturalmente, en cuanto pueda vuelvo.

Alejandro Martín “TioJander”

www.arcodos.com

Economista, Licenciado C.U.N.E.F.

Consultor financiero

facebook.com/tiojander.alejandromartin

Instructor Caza con Arco.

DEL POLEAS AL TRADICIONAL EN CAZA CON ARCO.-

DEL POLEAS AL TRADICIONAL EN CAZA CON ARCO.-

Tal vez la principales dudas que cualquier cazador de poleas tiene antes de cuestionarse cambiar a un arco tradicional sean siempre las mismas. Siempre dudas sobre las distancias efectivas de tiro, los cambios en el ajuste del material, cambiar de un arma con la que se apunta a otra con la que se estima ( tiro instintivo ). No es raro que el cambio, siempre se deje para otro momento.
Cualquier cazador arquero de poleas, maneja con suficiente consistencia tiros de caza desde 20 metros a incluso 50 metros. Salvando distancias en otros rangos, menos frecuentes, compara realmente mal si cuando hablamos de un arco tradicional marcamos rangos de caza más habituales entre los 12 a los 25 metros.

El arco tradicional requiere seguramente ser mucho más persistente en el entrenamiento, y entrar en un proceso progresivo de mejora. Con un poleas, contamos con tiro efectivo de 25 o 30 metras, el entrenamiento es menos exigente para mantener unos niveles de éxito a estas distancias. Este puede ser un primer freno y convendremos que importante: la necesidad de más y mejor práctica en el entreno.
Tal y como dicen los clásicos, el tiro – y aun más la caza – es un largo viaje en la busca de la consistencia en el proceso de ajuste y tiro, así como en la busca de la precisión.
Cuando ya se tiene cierta experiencia en caza con poleas, la mejor opción siempre va a ser buscar un arco tradicional de calidad. La calidad del material, puede obviarse si no pensamos realmente “ cazar”. Pero si este punto “ cazar” es determinante, la selección de material de nivel insuficiente, a veces es causa de algunas frustraciones e inseguridades.
Otro elemento muy diferenciador con respecto a un arco de poleas, es el hecho que a los pocos minutos de empezar a practicar con un arco compuesto, los resultados son muy evidentes y se desencadenan rápidamente. Con un tradicional, nuestros objetivos deben ser mucho más modestos al principio. Debemos ser conscientes que solo tras el paso de mucho tiempo y mucho entreno la evidencia de los resultados nos convencerá de que hemos tomado una buena opción.
Muchos cazadores expertos que usan arco compuesto, se encuentran en una llamada “ zona de confort ”. Cuentan con una seguridad de disparo efectivo muy alta y una tranquilidad inmediata en los lances , que el encanto y la magia de un arco de madera, aparentemente no les da.
Pero lejos de convenir que distancias por encima de los 25 o 30 metros son inusuales en caza con arco tradicional, no es menos cierto que un arquero tradicional acostumbrado a realizar tiros de caza real, es ciertamente igual o más efectivo que uno de poleas en esas distancias por debajo de los 25 metros. Si damos un vistazo a las estadísticas sobre distancias de impacto en caza con arco – tanto en USA como aquí en Europa – las distancias medias más usuales se encuentran por debajo de esas distancias de 20 metros. Podríamos sin duda, al menos cuestionarnos el hecho de que un arco tradicional es al menos igual de resolutivo y efectivo en la práctica que uno de poleas, dadas las distancias habituales “ reales “ de disparo.

Pero si hablamos de la caza con arco en la Península Ibérica, convendremos también que los aguardos son la forma más usada de cazar con arco. Salvo raras excepciones, dada la escasa luz a la que suele hacerse este tipo de lances, las distancias, las más de las veces apenas llegan a los 15 metros. A estas distancias y en estas circunstancias, por muchas razones es mucho más práctico un tradicional que un poleas. Expongamos algunas en una lista que no pretende ser exhaustiva:

  •   A este nivel de proximidad, abrir y anclar un poleas requiere un movimiento corporal previo, que normalmente un animal – tan próximo – no suele permitir hacer.
  •   Por otra parte si la pieza, situada a apenas 10 o 15 metros, nos ha permitido alzar el arco y armarlo, es muy posible que la escasa luz dificulte colocar al animal dentro del visor y luego dentro del “peep” . ( Muchos elementos intermedios en situación de escasa luz ).
  •   Aceptemos que escasísima luz podría habernos permitido, además de abrir y anclar, ser capaces de intuir la posición de la pieza. El uso habitual – que debería ser obligatorio por ley – de luz, genera un impacto en nuestra pupila que la hace cerrarse y que deja de tener las referencias tal difícilmente conseguidas. Nuestra pupila acostumbrada a la escasez de luz es golpeada con el reflejo de la luz del foco en el animal y en el entorno y se cierra bruscamente.
  •   Si a pesar de todo lo anterior el animal, nos da la oportunidad – y las décimas de segundo necesarias para ajustar nuestra pupila a las nuevas condiciones – tendremos un lance fructuoso.
  •   Otro elemento a considerar es el hecho de que un poleas, aun completamente silenciado, cuenta con infinidades de rodamientos y ejes metálicos que friccionan durante la apertura. Aunque nosotros no seamos capaces de detectarles, producen ultrasonidos que si son fácilmente escuchados en la gama de onda en la que una pieza de caza es capaz de escuchar sonidos.
  •   Un arco tradicional de caza, carece de elementos de puntería a colocar entre la pieza y nuestro ojo. El tiro con el arco canteado nos permite disparar son modificar nuestra visión binocular. Si somos capaces de ver al animal antes de tirar, no necesitaremos cambiar nada.
  •   El arco tradicional mantiene similares niveles de precisión a las distancias de caza reales mencionadas de hasta 25 metros. Además por esta misma razón es innecesario tener una estimación de las distancias, selección de pines en el visor, etc. No hay dudas y no se pierde seguridad y tiempo es esos mínimos instantes donde lo que no hay es tiempo para dudar.

Seguramente, este no sea un efectivo sistema para convencer a nadie. No lo pretende. Es únicamente una breve relación de razones o motivos que han llevado a muchos cazadores de arco compuesto a dar el cambio al arco tradicional.

Alejandro Martín “TioJander”

www.arcodos.com

Economista, Licenciado C.U.N.E.F.

Consultor financiero

facebook.com/tiojander.alejandromartin

Intructor Caza con Arco.

POSICIONES ATÍPICAS DE TIRO EN CAZA CON ARCO: ( 1 ) DE RODILLAS.

POSICIONES ATÍPICAS EN CAZA CON ARCO : ( 1 ) DE RODILLAS.

Seamos realistas. En caza real las cosas no son nuca como se ha entrenado en el campo de tiro.

Las más de las veces podemos entrenar disparos muy próximos a la realidad de lo que será un disparo desde un aguardo en un puesto elevado. Podemos también simular y entrenar un disparo desde un puesto en el suelo, en el que aguardemos en posición de sentados. Es incluso frecuente que en algunos campos de tiro se cuente con algunos “blind”, para ejercitarse en el tiro desde el interior de estos puestos, y simular idénticos disparos a generar en caza real.

Pero recechar por el monte o perseguir animales en movimiento, aun siendo seguramente la forma menos habitual de cazar con arco, la menos rentable, la más exigente técnicamente, siempre nos sorprende con las posiciones de tiro más inverosímiles.

La caza al rececho, requiere una muy sutil y entrenada técnica de aproximación, de ejercitarse con movimientos lentos y silenciosos. Acercarse hasta apenas una decena de metros es – reconozcámoslo – casi imposible. Se requiere un alarde de equilibrio a la hora de desplazar uno de los pies, manteniendo sólida y equilibradamente posicionado el otro. Y todo con un sumo nivel de control del ruido que ejercemos.

La imagen del cazador arquero aproximándose lentamente al animal que reposa comiendo o descansando, mientras se cuida de la traición de brisas y cambios de aire, hasta generar un disparo a escasos quince o veinte metros, es realmente inusual.

Los normal es generar rápidas aproximaciones por parte del cazador – una vez localizada la pieza a distancia – protegido por repechos de terreno o arbustos y que le defiendan visualmente del animal a cazar. Intervalos de aproximación rápidos al principio y muy lentos después, se intercalan con espacios de completa inmovilidad. Estos intervalos de tiempo no siempre son cortos y la interpretación del lance, puede llevarnos a que deban de ser prolongados. El animal a cazar, también juega esta partida y, si hemos jugado bien nuestras cartas es posible que en los últimos metros, la pieza sea la que se mueva y la que se nos acerque finalmente.

Puesto el “toro en suerte”, válgame el símil taurino, casi siempre nos encontraremos en una posición agachada, que disimule nuestra silueta y que nos facilite un tiro estable y rápido. Casi siempre estar agachados es una opción, aunque no la que nos ofrezca un ejercicio del disparo más estable y rápido.

De rodillas, mantenemos cuatro puntos de contacto estable con el suelo – rodillas y pies – y la incorporación es fácil rápida. Si hemos estado agachados, habremos mantenido nuestras nalgas pegadas a los tobillos. Sin apenas movimientos ni ruido podremos balancear el peso a uno u otro muslo, o reposar las nalgas en uno u otro de nuestros talones. Lo mejor y más práctico es mantener el arco vertical y listo para el disparo – si utilizamos un arco largo, tal vez la posición de la foto sea la menos aparatosa. El objetivo, evitar así movimientos en el momento de la verdad.

Dependiendo del tamaño del arco, la orografía del lugar y de nuestra envergadura, podremos realizar el disparo sentados sobre los tobillos, o lo que suele ser habitual alzando el cuerpo sobre las rodillas.

Es una posición de estabilidad para nuestra espalda. El eje de la espalda, siempre es lo que manda.En consecuencia, es una posición a entrenar.

Parece sencillo, pero…. ¡ arrodíllate, asienta tus posaderas en los tobillos, arma el arco y álzate unos centímetros sobre tus rodillas y dispara ¡ . ¿ No era tan fácil ¿ ¿ Verdad ?.

Alejandro Martín ” TioJander “

www.arcodos.com